Primera titularidad, estreno en San Mamés y un gol que saca al Athletic de la pena. Berenguer no olvidará este 18 de octubre de 2020 en mucho tiempo. Llevaba el equipo cuatro derrotas seguidas en su campo, profanado como nunca en su historia, y no había más excusas. O se ganaba al Levante, que no es un apeadero cualquiera, o la tormenta, azuzada por el ‘caso Llorente’, amenazaba con mover los cimientos. El exjugador del Torino, había estado hasta el minuto 68 voluntarioso pero poco clarividente en la finalización. Hasta que se puso la capa de supermán y en un pase profundo de Dani García fue cuerpeando con Postigo y definió al segundo palo de forma magistral.

Se sacó de encima un buen peso el equipo de Garitano. Tras ese alivio, Berenguer se fue a la otra banda, la derecha, para que Morcillo ocupase la orilla zurda. Y una fina internada de este permitió servir un caramelo a Williams, que aprovechó la cantada de la zaga para controlar la bola en el área pequeña y tener tiempo de asegurar lo que sería un mate en baloncesto. Adiós a siete meses y 10 días sin ver puerta. Le vino como el comer, se reconcilió consigo mismo, porque luego lanzó una centelleante carrera de 50 metros y en el mano a mano con Koke, éste se la sacó con el pie cuando se la intentó cruzar.

El Athletic descorchó así el champán, puso las serpentinas a un buen partido, serio en defensa (con Yeray esto es otra cosa y Dani García estuvo mucho más contundente), sin sacar del corsé al Levante (anulados Campaña y Rochina, con los laterales más pendientes de defender, y un Morales que ni la olió) y con buenos momentos combinativos. Dos goles, ocasiones y control del juego le permitieron quebrar la resistencia del Levante. Y lo hizo justo cuando la cosa no pintaba nada bien. Tras el descanso, el Levante estaba tratando de percutir por primera vez en la matinal bilbaína, sobando el balón y desgastando al enemigo, después de un susto de Raúl García al travesaño. Pero la defensa granota estaba dormida.

El equipo rojiblanco estuvo mucho mejor en los 90 minutos. Empezando por la primera parte, claro, ante un Levante muy bien estructurado pero sin romperse como acostumbra a hacer divinamente en busca de la meta contraria. Pero faltó lo que sigue en importancia al gol: el último pase, el colmillo asesino en los dominios de Koke Vegas. Apenas se generaron ocasiones: una de Muniain que sacó en la raya Malsa y dos llegadas de capa y Williams. Miramón llegó a línea de fondo tras envío de Rochina, pero apenas había noticias del Levante. El Athletic, que salió muy puesto, tuvo el balón y marcó la pauta, pero eso no suele ser indicio de resultados positivos. Clerc y Miramón son laterales largos y Vezo y Postigo no están cómodos cuando les juegan al espacio, así que los rojiblancos tantearon el juego directo y en el primer cuarto de hora ya tenían cuatro tiros ofensivos, mientras que los granotas solo aparecieron con un tiro de medio campo intentando sorprender a Unai Simón.

Una carrera decidida de Balenziaga (se comió a Morales), que pocas veces experimenta cómo es la vida en el área enemiga, casi provoca el 1-0. Miramón le cargó por la espalda y sacó el brazo para derribarle, por si fuera poco, rozó el balón por abajo para sacarlo a córner, aunque Alberola Rojas percibió un leve contacto. Pitó penalti pero el VAR le desmintió. Los granotas estaban desdibujados, con Melero más adelantado a su habitual posición para trabajar la presión alta y dominar el cielo de Bilbao. El partido tenía muchos parones, no cogía ritmo y los pupilos de Paco López repetían machaconamente su partitura esperando acontecimientos, durmiendo el choque.

En la tropa de Garitano, la indefinición de papeles de Raúl García y Muniain pesa demasiado a veces de forma negativa, y a Capa le costó coger ese carril entero que le presta Muniain cuando se mete hacia dentro. Los locales variaban sus armas: dos internadas de Berenguer dieron alegría a un equipo que necesita este tipo de jugadores con chispa en el uno contra uno, aunque esta vez Unai López no estaba tan profundo como en Ipurua, aunque mostraba de vez en cuando su clase, como en un tacón sutil tras pase de Muniain y en internada de Capa. Vezo estaba en todas las peleas, incluso en una internada de Williams que parecía falta clara y no se pitó. Iñaki esta vez fue un torbellino. Su trabajo, con el buzo puesto, hasta contó con el premio del gol.


Source: AS Primera

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Berenguer y Williams resucitan al Athletic
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