EI Valencia salió del descenso pero no del abismo. Los de Gracia suman ya nueve jornadas sin ganar y el punto les sabe a nada, aunque tras el gol del Choco Lozano hasta tienen que dar las gracias. El Cádiz hizo su partido y solo un cabezazo de Maxi Gómez les dejó sin premio. Los gaditanos también amplían a cinco las jornadas sin vencer, aunque el punto de Mestalla a la larga les sabrá mejor.

Gracia, huérfano de nuevo de Uros Racic, se decantó esta vez por Daniel Wass como escudero de Carlos Soler. Tres partidos sin el serbio, tres pivotes diferentes. Y Lim sin dar aún luz verde a la llegada de fichajes. La presencia del danés llevaba implícito el planteamiento de Gracia, que intuía, como así fue, que Cervera le ofrecería campo y balón y Wass le daría amplitud y circulación. Ahí se topó el danés con Fali, un central reconvertido a pivote por las circunstancias pero cuyo rendimiento ha hecho que el Cádiz de prioridad a otras posiciones a la hora de reforzarse en este mercado invernal.

El partido comenzó con doble susto para Jaume. Negredo no llegó por bien poco a un balón suelto tras el primer córner de la velada y poco después Álex lo mandó a las nubes. El partido tenía ritmo y rigor táctico. Aún sin goles el primer tiempo fue ameno. El Cádiz sabía lo que debía hacer, que era no cometer errores y esperar a ver si Lozano o Negredo cazaban alguna suelta o ésta les llegaba a balón parado, mientras que el Valencia le ponía voluntad para redimirse de sus pecados e intensidad tras pérdida. Los che ganan en la salida del balón con la presencia de Hugo Guillamón y al canterano siempre se le ofrecía Carlos Soler. Pero el fuerte del Valencia estaba en sus bandas. Los de Gracia se encomendaban a las idas y venidas de Correia y Gayà y al juego entre líneas de Cheryshev y Kang-in Lee, que tuvo que entrar por lesión de Gameiro. La mejor ocasión hasta el descanso fue un remate de cabeza de Maxi, que obligó a lucirse a Ledesma.

Álvaro Cervera quiso atar en corto las intromisiones de Gayà y de ahí la entrada tras el descanso de Akapo por Jairo, reubicando a Iza a la medular. El empate casaba más con las aspiraciones del Cádiz que con la coyuntura del Valencia y a la vuelta de vestuarios el reloj comenzó a jugar su papel. La presión la tenían los blanquinegros y la calma fue la virtud de los gaditanos, que poco a poco fueron creciéndose en el partido y buscándole las cosquillas al último jugador en el que Lim invirtió dinero, en concreto 12 kilos: Thierry Correia. Así Espino rompió al portugués y su centro acabó en el fondo de la red tras un remate de espaldas de Lozano. El Cádiz tenía el duelo donde soñaba; las caras de los valencianistas eran el espejo de sus adentros. Desquicio, desolación y temor.

Gracia fue soltando delanteros en el campo, Álex Blanco, Manu Vallejo y Sobrino. El Valencia espabilaba o reventaba. El Cádiz seguía infranqueable en defensa y con criterio en ataque. Lozano ronroneó la sentencia. El palo esta vez se tiñó de blanquinegro. Cervera cambió a sus dos delanteros para darle piernas de galgos a sus contragolpes. Pero cuando la desesperación empezaba a hacer mella en los de Gracia, apareció Maxi Gómez, para enviar a la red un preciso centro de Gayà. De ahí hasta el final el partido fue un correcalles, un quiero y no puedo mutuo, donde pudo ganar cualquiera pero ninguno lo hizo.


Source: AS Primera

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El Valencia sigue en el abismo
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