La carrera de un futbolista no se decide en un único partido, pero es indudable que es importante estar bien el día que tienes que estar bien. José Luis Morales, el comandante Morales, santo y seña del Levante, recuerda a menudo que su vida cambió cuando un ojeador levantinista fue en 2011 a ver un partido de Tercera al Fuenlabrada. Iba a ver al defensa central del equipo azulón (al que no fichó) y sin embargo se quedó prendado de un centrocampista ofensivo que no paraba quieto. A ese, pese a que ya tenía 24 años y seguía en Tercera, sí que le fichó. Era Morales, que estuvo bien el día que tuvo que estar bien.

Íñigo Sainz-Maza, tras dos últimas temporadas sensacionales en el equipo filial, no necesita presentación en el Racing, pero sin duda puede acelerar su carrera deportiva que el pasado sábado, cuando los recién fichados máximos responsables deportivos del club, José María Amorrortu y Pedro Menéndez, estaban analizando el Gimnástica-Rayo, él soltara un partidazo. De hecho, el martes, en los corrillos que se montaron tras la presentación, tanto el vasco como el asturiano, por separado, dejaron caer dos nombres: Pablo Torre e Íñigo Sainz-Maza.

Las esperanzas depositadas en el de Soto de la Marina son conocidas por todos y ahora será Amorrortu el que, de acuerdo con el padre del futbolista y, probablemente, el entrenador del primer equipo, el que marque los tiempos de su acceso al Racing de Segunda B. En el caso de Íñigo, al que le queda un año de contrato con el club, sin exigencia de militar en el primer equipo, todo apunta a que va a estar en la plantilla del Racing a todos los efectos.

Íñigo, que cumplió 22 años el mes pasado, es de Ampuero y acaba de graduarse como ingeniero químico (a falta del TFG). Llegó al Racing en categorías inferiores procedente del Perines, donde jugaba de medio centro, y fue su entrenador del Juvenil A, Sesi, el que comenzó a ponerle de lateral derecho. También jugó de lateral, y de central algunos partidos, con Jose Moratón en su primera temporada en el Racing B, hasta que José Gómez le rescató como pivote en los partidos más comprometidos. Ya como capitán, fue tanto con Gómez como este año con Pitu la prolongación del míster dentro del terreno de juego. Fuerte en las disputas, con buen juego aéreo y muy seguro con el balón, tal vez la falta punta de velocidad para hacer daño en el lateral. Su futuro, empezando el año que viene en el primer equipo, parece que está en la sala de máquinas.


Source: AS Segunda

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Íñigo llama a la puerta de la comisión
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