La maldición de Jovic continúa. El serbio estaba incluido en la lista de 23 futbolistas para jugar esta noche contra Osasuna, pero una sobrecarga muscular de última hora lo dejó en la capital. Una situación rocambolesca porque regresaba al campo donde justo hace once meses metió su último gol de blanco. Nada menos que casi un año sin ver puerta. Un registro terrible para un delantero centro que fichó en el verano de 2019 por 60 millones de euros.

Cierto que venía avalado por su 27 goles en el Eintracht de Frankfurt y un repertorio rematador que le llevó a ser el máximo realizador de la Europa League de aquella temporada, con 10 goles en 11 partidos. Pero desde que fichó por el Madrid es como si se hubiese desconectado de la gran cualidad que le trajo hasta la capital. En los 27 partidos de que dispuso el curso pasado, aunque sólo en siete fue titular, apenas fue capaz de marcar dos goles (uno al Leganés en el Bernabéu y otro a Osasuna en Pamplona) y dar dos asistencias. Unas cifras pobres que fueron quitándole la confianza de Zidane, que directamente le ha apartado de las rotaciones esta temporada. Ha tenido minutos en solo cinco partidos (fue titular en dos de ellos) y no ha visto puerta ni ha dado ninguna asistencia, registrando tan solo 33 pases bien dados. De hecho, en verano Zidane le dijo que prefería a Borja Mayoral como segundo delantero tras Benzema (el parleño provocó en el Benito Villamarín el penalti que permitió al Madrid ganar al Betis a domicilio). El problema es que nadie en Europa quiso hacerse cargo de la ficha del serbio y por eso Borja Mayoral optó por aceptar la propuesta de la Roma, que llevaba dos veranos tras sus pasos.

Fue precisamente en El Sadar donde Jovic cantó su último gol con el Real Madrid. El conjunto blanco ganó 1-4 y el serbio jugó en la recta final cuando los tantos de Isco, Ramos y Lucas Vázquez habían remontado el gol inicial de Unai García. Aprovechó un buen pase de Valverde para lanzar un chutazo imparable a la escuadra. Logró con la belleza de ese gol que se abriera un debate sobre si Zidane no debería darle más minutos, pero cuando llegaron las oportunidades no las aprovechó. Luego llegó el parón por la pandemia del coronavirus y sumó tres episodios que le dejaron en mal lugar. Se fue a Belgrado saltándose el estado de alarma y en Serbia salió de fiesta por el cumpleaños de su novia cuando había toque de queda impuesto por las autoridades, que afearon su conducta. Y encima llegó de regreso a Madrid lesionado en un pie al romperse el calcáneo al caerse de un muro de su casa en la capital serbia. Inexplicable. Y para rematarlo le pillaron en una barbacoa en su casa de Madrid cuando estaba todavía con la férula en el pie y posando con amigos sin guardar la distancia y sin mascarilla…

A sus 23 años y tres y medio más de contrato con el Madrid, en este próximo verano tiene todas las papeletas para ser cedido o traspasado a otro club. Con contratiempos como el ayer, lo va a tener cada vez más difícil.


Source: AS Primera

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La maldición de Jovic continúa
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