Antoine Griezmann está viviendo su segunda temporada en el Barcelona con más pena que gloria. El internacional francés, que sigue sin encontrar el camino que le lleve a la regularidad en el campo, ha perdido en las últimas semanas hasta la titularidad, en detrimento de un sacrificado Martin Braithwaite, que ha sabido aprovechar sus oportunidades a base de goles y trabajo.

Esta situación, totalmente anómala en la carrera del delantero, le ha convertido en un actor secundario en el equipo, que parece no echarle de menos en el terreno de juego, a tenor por los resultados cuando no está en el campo. De hecho, su última actuación ante el Eibar, donde declinó lanzar el penalti, fue muy criticada por el entorno, al ofrecer una imagen de debilidad e inseguridad al grupo.

Pero si en el campo tiene un rol cada vez menos protagonista, en el vestuario su papel se ha agigantado esta temporada. Su actitud, siempre positiva pese a las adversidades, y carácter, sumamente extrovertido, le han convertido en una de las indiscutibles referencias del vestuario.

Dos hechos puntuales le han hecho ganarse aún más al grupo y evidenciar su protagonismo absoluto fuera de los terrenos de juego. El primero sucedió el pasado 24 de noviembre en Kiev, tras ganar el equipo 0-4 al Dinamo en la Champions, cuando en el viaje de vuelta al aeropuerto, Griezmann cogió el micrófono del autocar para cantar el cumpleaños feliz a Pedri, coincidiendo que en esos precisos momentos alcanzaba los 18 años. El francés se erigió en el auténtico maestro de ceremonias de una fiesta improvisada que se alargó durante el avión en el viaje de regreso.

El segundo sucedió casi un mes después, el 22 de diciembre, cuando el equipo regresaba de Valladolid, tras vencer 0-3. Los jugadores, nada más llegar a la Ciutat Esportiva, al filo de las tres de la madrugada, se encontraron con la agradable sorpresa de un regalo en la taquilla. Griezmann se había encargado de ejercer de Papa Noel improvisado y hacer un pequeño detalle a la plantilla, aprovechando que este año el club no había regalado nada a los jugadores, ya que la situación económica de la entidad no está para muchos dispendios. El regalo no era tampoco baladí: productos y accesorios de la marca de lujo francesa, Louis Vuitton.

Una circunstancia, que si bien se puede considerar como mera casualidad, no pasó desapercibida en la plantilla, fue la ausencia de Leo Messi en ambas ocasiones. En la primera, el argentino no fue convocado para el partido en Kiev, y en la segunda, el delantero no acompañó al grupo de regreso a Barcelona: cogió un avión privado en Pucela con destino a Argentina.


Source: AS Primera

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Los esfuerzos de Griezmann por convertirse en un líder
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