La sonrisa casi emocionada de Messi después de marcar el 1-2 en San Mamés, su abrazo a Pedri, son las fotos de la esperanza para el Barça. Si fue la última vez que el argentino pisó la Catedral, dejó su firma en Bilbao, donde tan respetado ha sido. Pero tal vez no tenga por qué ser la última vez. El lenguaje gestual de Messi ha cambiado en los últimos meses y, especialmente, en los dos últimos partidos fuera de casa, los que más le habían costado en el año 2020. A Messi se le ha visto activo, implicado, participativo, y decisivo. Da la sensación de que algo hay en este Barça que convence a Messi. Sus declaraciones sobre Koeman en la entrevista a Évole ya resultaron esclarecedoras, especialmente en un jugador que no regala elogios a los técnicos, menos cuando aún está a sus órdenes. “Fue un gran acierto la contratación de Koeman. Está haciendo las cosas muy bien y eso que es complicado por la gente nueva y joven. Vamos mejorando. Con Koeman hay una seriedad y una idea de lo que pretende para el club”. Una muestra de sintonía inesperada que dejó ciertos indicios sobre la recuperación deportiva y moral del argentino, que de momento ha decidido abstraerse de la complicada realidad institucional en el club para intentar disfrutar en el césped.

En San Mamés, Messi jugó un partido aplastante. El argentino marcó dos goles, pero además remató dos veces en los palos, falló una oportunidad solo ante Unai Simón, y vio cómo se le anulaba un gol por un fuera de juego de menos de medio metro. Un partido completísimo en el que lo mejor para él es que empieza a sumar amigos y socios para su causa. El primero, De Jong. Después de recibir de Messi el pase del gol del partido en Huesca, el holandés se sintió con fuerzas para hacer un desmarque lejanísimo que acabó siendo la acción del 1-1. Una jugada de fe que desvela cierto cambio de ánimo en el Barça. De Jong y Dembélé animaron al equipo después del 0-1. El francés es más difícil de interpretar para Messi, pero están empezando a hablar el mismo lenguaje. La acción del 1-3 empezó con una conexión entre ambos.

Lo de Pedri es caso aparte. El canario se inventó otra delicatessen. Escuchó el susurro de Messi y le hizo eso que en fútbol sala es tan común, la ‘pisadita’. La conexión ya venía de atrás. En Valladolid, en el último partido del año, de una conexión parecidísima salió la acción del 0-3. Se entienden con la mirada. Da miedo hablar de nombres propios tan gigantes, pero esa conexión de Messi recuerda a la que en su día tuvo con Xavi y con Iniesta. Se intuye algo especial en esa sociedad. Se trata ahora de que cuaje y se alargue en el tiempo. Eso fue lo fundamental en lo anterior.

A los nuevos amigos de Messi (De Jong, Pedri y en parte Dembélé) quiere unirse Griezmann. El francés le regaló el 1-3, pero antes también lo encontró en una acción antes del descanso que el seis veces ganador del Balón de Oro desperdició por milímetros. Griezmann quiere entenderse con Messi, aunque sea a cambio de no hacer goles o tener menor reconocimiento. El nivel del francés no está al nivel que se espera de un jugador de tanto dinero, pero salta la vista que tiene mucha más entidad como futbolista que Braithwaite y que aunque deba jugar volcado a la izquierda, eso que Koeman prometió no hacer a su llegada, los galones deben imponerse y deberá jugar.

Messi sigue teniendo una comunicación muy especial en el campo con Sergio Busquets y Jordi Alba, sus viejos socios. Pero eso ya no era suficiente, Ni mucho menos. Primero se fue Xavi; luego Daniel Alves. Más tarde Neymar y luego Iniesta. Y, finalmente, Suárez. El mediocentro y el lateral no podían ser los únicos jugadores con los que conectara en el campo. De Jong, Griezmann, Dembélé y, sobre todo Pedri, se piden ser los nuevos amigos de Messi. Para, tal vez, unn nuevo futuro de Messi.


Source: AS Primera

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Los nuevos amigos de Messi
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