Maestro del reporterismo, incisivo entrevistador y superolfateador de la noticia, aparte de ser todo corazón y amante de su familia, así definiría yo a Miguel Vidal, que el lunes emprendió un viaje sin retorno para encontrarse con otros amigos, compañeros, familiares… y con su hijo, al que por fin podrá darle el cariño que la vida le arrebató.

Yo hacía información gráfica general con Albero y Segovia cuando conocí a Miguel, él hacía sucesos en Informaciones, acababa de venir de su Mallorca, de Consell, su pueblo, y presumía de haber hecho la vuelta a Mallorca en camello, sus relatos eran encantadores y nos dejaban con la boca abierta. Allí comenzamos una amistad que ha durado físicamente hasta el lunes, 4 de enero, y que espiritualmente no morirá nunca.

Poco tiempo después nos encontramos en una aventura periodística maravillosa, AS, nuestro AS. Recuerdo a Miguel entrando en la redacción, en la Cuesta de San Vicente, con un taco de entrevistas y reportajes hechos por el norte de Europa, llevaba puesta una camisa blanca espectacular con chorreras. El primer número de AS, en diciembre de 1967, incluía cuatro reportajes que llevaban su firma, su despegue en el periodismo deportivo ya era una realidad.

Recuerdo sus palabras: “Javi, voy a hablar con Rienzi, quiero que vengas conmigo en los viajes”. Y ahí se cimentó nuestra amistad. Del Bidasoa al Miño, nuestro primer viaje juntos. ¿Recuerdas, Miguel? En un Simca 1000 que pinchaba cada dos por tres. ¿Y te acuerdas cuando dormimos los dos juntos en la misma cama, en un garaje de camiones? Qué recuerdos, y no nos importaba nada, había que llegar a entrevistar a Herrerita, Emilín, René Petit…

Después vinieron exclusivas históricas como la de Magic Johnson en Los Ángeles; la entrada a Wembley en la final europea que jugó el Panathinaikos sin ninguna acreditación del brazo de Puskas, su entrenador, como si fuéramos dos jugadores; la tragedia vivida en Fiumicino con el atentado en el avión de la Pan Am en el que habíamos viajado sin saberlo, por supuesto, con los terroristas… Moscú, Sudamérica, Yugoslavia, Albania… Un sinfín de viajes y anécdotas vividas contigo.

Creamos nuestras familias casi a la vez. Ana, tu mujer, una parisina que siempre ha estado a tu lado, sin cortar tu vehemencia en muchas situaciones, en este apartado nunca olvidaré el título de tu crónica en un Colombino del año 1972, efectivamente fue el ‘Colombino del amor’, conocí a Tony y al año siguiente me casé y nuestras vidas se hicieron paralelas. Hemos viajado, reído y llorado juntos. La vida te golpeó donde más duele y te refugiaste en tu segundo amor: el periodismo.

Lo siento, Miguel, pero no voy a poder seguir, ya casi no veo lo que mi mente está escribiendo, mis dedos hacen de simple taquígrafo al dictado de mi corazón.


Source: AS Primera

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Maestro del reporterismo
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