Si Leo Messi hubiera sido titular el sábado contra el Betis y hubiera jugado la totalidad del partido, hubiera completado de manera consecutiva 38 partidos seguidos, es decir toda una Liga, sin descanso. A los 33 años este dato supone una anomalía para un jugador que, además, lleva 15 temporadas casi sin descanso y jugando alrededor de 60 encuentros por temporada. La cifra no se cumplió porque el técnico Ronald Koeman y el propio jugador pactaron que iniciase el encuentro desde el banquillo. Messi compareció en el campo en el segundo tiempo cuando el partido estaba empatado a uno y en esos 45 minutos ofreció un recital con dos goles, uno más anulado, originó la jugada del penalti y asombró con una asistencia invisible que sirvió para que Griezmann acabara con su tremendo gafe de cara al marco rival.

De la decisión que tomaron Koeman y el futbolista salen reforzados ambos. No sólo por la victoria, sino porque pueden haber encontrado un nuevo escenario que permita a Leo seguir siendo decisivo sin acumular tantos kilómetros y desgaste. Preguntado por este particular, el técnico holandés afirmó tajantemente al final del partido que “siempre que Leo esté bien, jugará de inicio” por lo que se supone que una situación como la del sábado será la excepción, pero que también se presenta como una alternativa válida para momentos en los que, como contra el Betis, el argentino sienta que no está al cien por cien.

Hasta ahora, Messi siempre ha estado el primero a la hora de jugar tuviera molestias o no. Es público que en muchas ocasiones ha saltado al campo con dolores, magullado o símplemente cansado y casi sin entrenarse tras cumplir con los compromisos de su selección tras viajar muchos kilómetros. A medida que pasan los años, esos esfuerzos se notan en partidos en los que el propio jugador se dosifica en el campo. La experiencia vivida ante el equipo de Pellegrini le puede abrir la puerta a que quizás en ocasiones determinadas es mejor comparecer en el césped con la defensa rival ya desgastada y jugar 45 minutos insuperables que 90 con altibajos, como por ejemplo le pasó en el último Clásico, cuando tuvo una primera hora de juego brillante pero que al final, cuando hacía falta reaccionar, se notó falto de frescura.

Messi siempre ha dicho que llegados casos así, prefiere salir desde la suplencia que ser sustituido. Sus entrenadores a lo largo de sus diversas temporadas en el Barça opinan igual. Es infinitamente más fácil sacar a Messi al campo que retirarle. Si está en el campo y las cosas no le salen como quiere cambiarle supone agraviarle en su amor propio además de perder un efectivo que en cualquier momento puede tener el golpe definitivo de genialidad. Y si las cosas están saliendo bien y el argentino está en racha, retirarle del césped para darle un descanso es como quitarle un juguete a un niño cuando más disfruta, por mucho reposo que necesite de cara a compromisos venideros a pesar que el partido en cuestión esté más que decidido.

Tito Vilanova, uno de los técnicos que mejor se entendía con el astro, siempre dijo que el gran reto de un entrenador era que Messi fuera suplente y que se fuera del campo con una sonrisa tras haber jugado. El sábado, ante el Betis se fue feliz tras 45 minutos brutales a diferencia del miércoles, cuando ganó el túnel de vestuarios con cara de enfadado después de 90 minutos de sufrimiento contra el Dinamo de Kiev. Puede que se haya encontrado un camino a utilizar ocasionalmente que depare nuevas actuaciones del Messi demoledor a pesar de sus 33 años.


Source: AS Primera

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Messi, ante un nuevo escenario
Messi, ante un nuevo escenario